El proyecto desarrolla el interior de la primera planta de una casa en un conjunto residencial rural. La propuesta relaciona la vivienda con el paisaje e incorpora la tecnología necesaria para su uso cotidiano.
La distribución busca combinar la tranquilidad del entorno con las necesidades de la vida diaria.
Los techos altos y los grandes ventanales dan amplitud a las estancias y abren las vistas al patio. El paisaje forma parte de la percepción del interior, mientras que los tonos neutros permiten apreciar sus cambios a lo largo del año.
En el salón, dos butacas Wassily, diseñadas por Marcel Breuer, se sitúan frente a la ventana. El sofá se orienta hacia el televisor y una chimenea cromada ocupa la esquina. El mármol de la mesa de centro se repite en la cocina, estableciendo una relación entre ambos espacios. El mueble suspendido bajo el televisor mantiene esa continuidad.
Las sillas de Warren Platner para Knoll acompañan la mesa de comedor. En la cocina, una mesa de altura convencional ocupa el lugar de la isla. Los paneles blancos de formas redondeadas ocultan los electrodomésticos y se integran en la composición del interior. La madera negra y el mármol de la zona de trabajo contrastan con estas superficies claras.
La textura de las paredes y el acabado mate del travertino aportan profundidad al espacio. Los poros y las irregularidades de la piedra dejan ver su carácter. Una gran pieza de piedra natural forma parte de la composición.
La propuesta contempla soluciones de calefacción, suministro eléctrico y control de la iluminación y la climatización. Su integración busca facilitar el uso diario de la vivienda.
La relación con el paisaje, la luz y las texturas naturales articula el proyecto.